entre los cerros de una misericordia de aplausos
vi sus pañuelos tiesos danzar
parecían fantasmas
grillos
relojes volviéndose locos en el agua

eran ramas, 

ramas 
como quien dice 
puños

confundían horizontes con balazos
y la teta crecía cesante en el hijo
hasta matarlo

y lo mató

y después de matarlo adivina lo que hizo

lo enterró

lo enterró sin una puta ceremonia
y únicamente por eso 
es que me enfermé de aviones 
en el discurso

mierda/ no fue culpa mía

abandonarme al terrorismo de la nieve
ni a la sequía de los palos
cuando me dio por llenarme de higueras

                                            quería carne,
                                            y carne mía
                                                       le di

pero siete veces se cayó
una por cada psicoterapia del alma
en tiempos donde no hay paciencia
pero sí una feroz abundancia de madres
y reliquias

y mientras me doblaba de pavor en las farmacias
le regalé mi euforia
mi acuarela
y una estrella fugaz
que se murió
antes de estrellarse en el deseo




(dicen los que saben que le salieron cuernos desde el fondo de sus ojos
que ardía en una incomprensible rabia de vitrinas
y que escupió un montón de perros
que hasta ayer se daban por perdidos

también dicen que se anduvo maldiciendo con los pies descalzos 
y una educación de alta universidad
para mí envidiable
desde mis calzoncillos manchados con mierda
y poesía)