hablo de la inseguridad,

en la estructura labial de los armarios
yo hablo de la inseguridad,

en la frase que sin darnos cuenta acabó con nuestro relato
yo hablo desde la casualidad

y de lo barato




de lo absurdo

de que me fui un día caminando despacio por la vereda
espantando al vómito/ la arcada y ya nada era Chile
era todo un campamento sin ley
las plantas crecían de voz en voz
debajo de los brazos


fui tu hermano/ tu padre/ tu imperfecto doctor de cabecera
tu piano enfermo

la tos


fui también quien te bautizó de noche
en la huelga ilegal del deterioro

cargué con tu mentira años eternos
viruelas completas
yo la cargué/ un porro entero la cargué
y lo hice sin decírselo a nadie,
porque estábamos enfermos

y además éramos imbéciles



que te vi partir
y se me pudrieron los ojos



quedé fracturado en un débil hilo de voz
ese que viene desde el fondo y es chatarra
carcajada de iglesia que por no ser parroquia
fue tu hija mayor

la que se casó
y te dio nietos y abejorros

y que con ese olor violento de la marihuana
dijo
tenemos miedo de vivir como seres culpables
escondiendo detrás de las cortinas
la ventaja erótica de la frenada

ese exagerado estruendo 
de encerrarte en vez de sábanas
en la arena
porque los miedos siempre aparecen de noche

también lo otro: tus cumpleaños. Jamás supe qué regalarle a una mujer que no tiene edad

yo no pienso mucho, ¿sabes?, quiero decir que antes pensaba
y pensaba muchas cosas
pensaba bien
estaba todo el día pensando
de pronto me iba a los paraderos de autobuses
y me ponía a pensar
pensaba en jardines
en ancianos sentados bajo una parra
en lluvias de elefantes y vino tinto
en cuchillazos
después me iba a las rocas
y pensaba en hostales y equilibrios
en la celebración morbosa de la injusticia
en si Diego habría llorado antes de partir
hasta que un día
lleno de valor y pugilato
decidí no pensar más

y me eché sobre la cama

parecía un moribundo

con las mismas persianas con las que te envolví de martes un domingo
me lancé al precipicio final de los colchones

¿te ha tragado una cama cuando vas con el vértigo adentro?,
                                                                                 te cagas

llegaba a dar risa,
yo era la conciencia
mientras tú la teoría del balazo

entonces dije me iré a encerrar en el descanso
y no reconocí la cicatriz
no la reconocí

pero no era ni la sombra de una herida
eran ellos
esos niños que aunque juren y perjuren que sus infancias fueron atroces y desmedidas,
que sus primeros doce años se lo pasaron jugando a las muñecas/ sin muñecas
heroicos
tersos y maricones
igual cantaron

mamarrachos entregándose al vaivén de la primera angustia
y jamás te daré la mano


pero esos niños,
esos niños no son niños: son demonios

esos niños dan espanto

los otros no

los otros son un poco como tú
que te vas en el simplón letargo de la estampida
diciendo que alucinas escuchando a Leonard Cohen
cuando por ahí andan diciendo
que en las noches se te relaja el esfínter oyendo a Chayanne

los niños,
de todos esos niños que te hablo
fue uno solo el que le prendió fuego al hospital/ y como era de suponer,
porque era estúpido,
lo atraparon/ lo hallaron con toda una vida a mal traer/ olía a perejil y a caminata
tenía unos ojos que miraban hacia todos lados
febril y muerto de frío/ un asco
una vergüenza de ser humano
pero su abrigo/ ese anacrónico y vetusto harapo negro
el sayo, le decía
olía a cristal
sabía a gema
era su soberbio amanecer

lo mataron a golpes
a patadas
a fierrazos

estuvo en la morgue 72 horas
porque además le dolían las muelas

pero al final su familia fue a buscarlo
retiraron el cuerpo
firmaron los papeles
y se lo llevaron a una parroquia
en la comuna de San Miguel

pues de ahí era su sangre
y también el desperdicio

su mujer de ojos salados
le tenía el almuerzo listo a las tres y media de la tarde
y llegando con los pulmones averiados
ahogándome iba llegando
nada más me vio entrar
fue en busca del machete con el que me peinaba los salmos
pero yo estaba muerto mil calles atrás
más lejos aún de donde me mandabas a rezar los padres nuestros
y la botella de vino
por si se me ponía urgente la sed
o se me estropeaban los colores

lo mataron
lo internaron
le cambiaron porque sí la carrocería

drogados esos niños que le prenden fuego a los hospitales están equivocados
no es a los hospitales a los que hay que prenderles fuego
es al chorro de agua que te sale y te inunda la mejilla
para dejar sembrado un surco y más abajo del surco
una escalera que se abre de labios
y dice que no
que te pareces demasiado a lo que yo más odiaba en este mundo

que al niño en cuestión lo acribillaron

todos fueron a su casa aquella tarde de horrores
y mientras cada deudo y cada viudo y cada conchesumadre
bajaban las cabezas en señal de recogimiento,
la vieron


yo no te pude ver, amor
te seguías abusando


en absoluto soy tu reflejo de no hacer morir las cosas
oh dios mío estas piedras,
oh santo varón esas palabras
esas ganas de correr
de escapar volando suspendido en un galope
oh cielo oh creador oh selecto gobernador
esas ratas
esas pistolas
esas traiciones en mi puesta de sol
padre, déjalo
no me limpies

yo también fui joven

un joven que pañuelo en la cabeza se iba a cagar a los baños de los centros comerciales porque en su casa nunca más entró al baño
ese joven que fue engañado a través de un lujo se bajaba los pantalones mientras veía cómo toda una muchedumbre enardecida
se le metía párpado adentro,
la insolente venganza de una promesa
y también su mierda

traté de quitarme la vida
en tu vida
es decir
traté de sacarme esta vida
y poner la tuya como mal ejemplo

que me fui de Chile
para vagar dentro de Chile

me fui por su pésima algarabía cuando me nublo
yo ya no pude más/ me aburrí
te tomé de la mano y lo hice rápido porque venían las gentes
y tú ponías los ojos abiertos como una boca abierta
y yo ni siquiera prendí la luz

a oscuras entra más fácil la mentira

oye/ ama lo banal de un perdóname encima del odio,
te hará bien
dile yo también he asesinado

escapé de mi escape/ todas las veces que fuese necesario
perdí muelas/ plata/ familia/ dignidad/ historia/ rompí el piano y el silencio
estuve con diarrea/ cólicos/ disfunciones eréctiles meses demasiado largos/ olvidos/ me sonaba el pecho/ creo eran los bronquios
un pitido al inspirar
un chillido al expirar
qué diablos era eso
entiéndeme Eva
fui tu Adán con gonorrea


sibilancia


así se llama

sibilancia es una especie de silbido que te viene desde el pecho
al principio es un casi inaudible crujir de ventanales
después se pone más cabrón,
imagina/ no sé/ a tu tío hurgándote los calzones
y él gime/ se agita/ se mueve como los perros cuando están calientes
y tú/ callada, seca y toda traumatismo
diciéndole tío no sigas/ tío para
ya dejó de serme suficiente

la marca registrada del asco
en tu pasado hecho de fuego
renaciendo con las manos cubriéndote la cara
muerta de miedo
acribillada por el trauma
feminazi de teta torcida,
cobijaste al que te inventó la sed
haciéndose la que no sabía nada
esa indecorosa manera de cogerte por el alma
a sabiendas que el alma empieza donde terminan los vientres

                      de ahí que prefiero mantener abierto el corazón
                                               porque ya se me está olvidando
                                        cómo dejar cerrados ciertos poemas